Mientras las Guerras Civiles desangran Roma, las Águilas buscan honores en Hispania

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Con la llegada del s. I a.C. Hispania se vio inmersa en otro tipo de conflicto que no estaba ligado a la conquista, sino que se enmarcaba dentro de un enfrentamiento propiamente romano: las guerras civiles. Hispania fue una pieza fundamental donde se enfrentaron grandes generales, algunos recordados como héroes y algún otro como traidor. Ante nuestros ojos todos son hijos de su tiempo que utilizaron todas las armas que tenían a su alcance para vencer a la facción política advesaria y conseguir con ello “Honores Triunfales”.

Para comprender la aventura hispana de las “Águilas” es necesario conocer la crisis interna en la que se vio inmersa la República romana en su última fase. En el Senado aparecen dos facciones enfrentadas: 1) Los Optimates, liderados por Sila defendían la tradicional autoridad política; y 2) Los Populares, organizados en torno la figura de Cayo Mario, revindicaban una reforma del Estado.y dar voz a las propuestas del pueblo. Las diferencias entre ambos grupos se vieron plasmadas en varios enfrentamientos armados en Roma que pronto se trasladarían a las provincias. Poco a poco la brecha se fue haciendo más grande, Sila no aceptó la elección senatorial de Mario para hacer la guerra a Mitrítades en Asia. Esta decisión provocó que por primera vez un general entrara en Roma utilizando el ejército como medio de alcanzar el poder, cosa harto frecuente en la posterior historia romana. Este golpe de Estado otorgó poderes dictatoriales a Sila, quien en poco tiempo iniciará una política represiva y persecutoria contra los leales a Mario, entre ellos se encontraba nuestra primera “Águila”: Quinto Sertorio.

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En el año 83 a.C. Quinto Sertorio es nombrado gobernador de la Hispania Citerior, sin embargo Sila decidió sustituirlo por una persona de su confianza. Enterado de los planes Sertorio se adelantó a la jugada arribando en terreno hispano para organizar la oposición al bando silano, siendo su  objetivo principal ganarse la amistad de los indígenas. Para ello desarróllo una política conciliadora que le granjeó el apoyo de los lusitanos, celtíberos y la mayoría de los pueblos de la costa mediterránea. El Senado pronto se dio cuenta del peligro que podría acarrear los movimientos de Quinto Sertorio y envió un contingente militar para aplacarlo. Las tropas sertorianas fueron derrotadas en la zona de los Pirineos, sufriendo 8.000 bajas, y su general se vio obligado a retirarse a Mauritania.

La aventura norteafricana de Sertorio duró solo dos años (82-80 a.C.), ya que acepta la propuesta de los lusitanos para regresar a la península y ponerse al frente de sus tropas. Trae consigo 3.000 hombres, casi todos leginarios veteranos y algunos arqueros libios, a los que se sumarán cerca de 5.000 guerreros indígenas. Sertorio pronto demuestra sus grandes dotes como estratega, y une en unidades mixtas lo mejor de cada concepto bélico. Con su ejército irá ocupando algunas ciudades y consigue vencer a las legiones romanas en la zona del Guadalquivir. La noticia llega rápidamtente a Roma en el año 79 a.C., el Senado mueve ficha y decice mandar dos nuevas legiones, en este caso dirigidas por nuestra segunda “Aguila”: Quinto Cecilio Metelo.

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Metelo era un gran general y muy pronto fue consciente de la necesidad de realizar acciones conjuntas desde la Citerior y la Ulterior. Los ataques contra aldeas y ciudades lusitano-sertorianas fueron constantes, pero ni él ni sus legados conseguirán derrotar a Sertorio en batalla. Además se les unieron más tropas llegadas desde la Narbonense (Sur de Francia), y ni aún así consiguieron pararlo, pues Sertorio consiguió moverse libremente por toda la península. En este momento llegan a Hispania exiliados “populares” venidos de Cerdeña, caso de Perpenna futuro lugarteniete, que engrosaran el número de efectivos sertorianos. Con la ayuda de estos refuerzos fue afianzándose en el centro-norte peninsular, haciendo suya la provincia de la Hispania Citerior. Estableció su sede en Osca (Huesca), por su valor estratégico respecto al Pirineo. Incluso se hace fuerte en la zona mediterránea, donde embarcaciones “pirático-mercenarias” fueron aprovisionadas con armas para que acosasen a los navíos romanos. El resultado de estos primeros años de conflicto fueron muy favorables para los intereses sertorianos, nadíe conseguía derrotarle, y no solo consolidó su poder por la fuerza, si no que consiguió nuevas alianzas “de amistad” con los celtíberos. Sertorio se estaba convirtiendo en un verdadero quebradero de cabeza para la Roma senatorial.

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En el año 76 a.C. al Senado romano no le quedó más remedio que mandar más efectivos para acabar con la amenaza sertoriana, bajo el mando del joven general Gneo Pompeyo, más tarde conocido como Pompeyo Magno, en nuestro relato la tercera “Águila”. Había demostrado su valía militar en África y se había estado labrando una prometedora carrera política bajo la tutela de Sila. Se presenta en Hispana con un ejército muy superior y hará cambiar el tablero táctico en la península. Tenemos a Sertorio en el norte (La Rioja), a Metelo en el sur (Córdoba) y a Pompeyo en la costa (Cataluña); es decir, las tropas senatoriales dispuestas en forma de “tenaza” para cerrarse sobre las sertorianas. Sertorio era muy buen estratega y lo que hizo fue dividir su ejército en tres cuerpos: uno al mando de Perpenna para bloquear el Ebro, otro para Hirtuleyo frenar el frente sur, y un tercero en la retaguardia para auxiliar a los otros dos. Las órdenes eran claras, imponer a los romanos un guerra larga y de desgaste, sin embargo ambos lugartenientes hicieron caso omiso plantaron batalla en campo abierto y fueron derrotados por la maquinaria militar romana, por lo que tuvieron que retroceder hacia la retaguardia norteña.

El escenario de la campaña del año 75 a.C. se traslada a la costa levantina. Sertorio cumplirá con su parte en los enfrentamientos, vence en todas sus acciones derrotando a Pompeyo en Sucro (Suecia, Valencia), llanos de Sagunto y varios emplazamientos más en la zona del Júcar. Sin embargo su lugarteniente Perpenna pierde sistemáticamente y no puede evitar el avance de Metelo para ayudar a Pompeyo. A pesar de haber hecho retroceder momentaneaente a Sertorio, se dan cuenta que no van a poder ganarle la partidida si no reciben refuerzos desde Roma. Lo que demuestra la gran capacidad militar de Sertorio, quien con muchos menos efectivos mantuvo en jaque a las otras dos “Águilas” durante casi una década.

En el año 74 a.C. la llegada de dinero y dos nuevas legiones de refuerzo marcan el fin de Sertorio. Un año más tarde el Senado aprueba una amsnistía para los reveldes del bando popular y mucho de los veteranos prefieron volver a Roma para beficiarse del perdón público. Con un contigente ya muy reducido pierde la Celtiberia y se refugia en el valle del Ebro, donde aún le eran fieles en Huesca, Lérida y Calahorra. Poco después, una conspiración liderada por Perpenna acabó con la vida de Sertorio. Un asesino indirecto que lideró la resistencia durante poco tiempo, pues pronto caería en batalla contra Pompeyo mostrando una vez más su ineptitud como estratega.

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Pompeyo finaliza así de manera exitosa su campaña en Hispania, fundando Pompaelo para controlar a los vascones en el norte y asegurar la comunicación con la Galia, y haciéndose levantar un monumento conmemorativo en los Pirineos, el cual estaba coronado por su estatua. En el fondo era consciente de que no había logrado derrotar a Sertorio de manera directa en el campo de batalla.

La amnistía concedida en el año 73 a.C. a los populares permitió que la actividad política volviera a Roma, pero no evitó en años venideros la reanudación de la lucha por el poder político. Al enfrentamiento entre las dos facciones, optimates y populares, hay que sumar la acción política de generales victoriosos como Pompeyo y Julio César. Las provincias hispanas se convirtieron, de nuevo, en uno de los escenarios más importantes de la contienda. Ambos generales sabían de la importancia que tenía Hispania en la consecución de honores para sus futuros proyectos políticos.

Pompeyo ya había extendido su prestigio y su poder personal en la península. En cambio la cuarta “Águila”: Julio César acudió por primera vez en el año 69 a.C., para ocupar un puesto secundario en la provincia llegaba a la provincia Ulterior.

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En el año 61 a. C. César vuelve a Hispania con un cargo de mayor responsabilidad,  gobernador de la provincia de Ulterior, oportunidad que aprovechó para aumentar su popularidad entre las tropas asentadas y entre las comunidades indígenas de la zona. Llevó a cabo diferentes medidas positivas para los provinciales, como la solución de problemas internos, la promulgación de leyes y el alivio de la presión tributaria. En el aspecto militar, César inició una nueva campaña contra los lusitanos, que se extendió a los galaicos, incorporando definitivamente ambos territorios a la autoridad romana. Su prestigio y honores se han multiplicado. Regresó a Roma habiendo aumentado su popularidad lo que le permitió, junto a Pompeyo y Craso, formar parte del “Primer Triunvirato”.

En el año 53 a.C. se rompe el triunvirato iniciando una nueva guerra civil, esta vez entre Pompeyo y Julio César. La Península Ibérica volverá a tener un papel de primer orden, por lo que nuestras “Águilas” regresarán Hispania. Pero eso es ya, otra “Historia”.

BIBLIOGRAFÍA

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PLACIDO, D. (1989): “Sertorio” en Studia histórica. Historia Antigua, nº 7, pp. 97-104.

PLUTARCO (2004): Antología de vidas paralelas. Vidas de Sertorio y Pompeyo, Madrid, Akal.

Carlos López Sastre

Lara Peña Hernández

Rubén Rodríguez Galán

Carlos Rodríguez Rojas

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